Joaquín Sabina se une al manifiesto en apoyo a Arcadi Espada junto con Losantos, Sánchez Dragó y otros

El cantautor ha firmado el manifiesto manifiesto que califica las denuncias de la Generalitat como un “un acoso que excede con mucho de los estándares de crítica que incluso él, un hombre que vive y escribe río arriba, se ve obligado a soportar”.

Todo fue a raíz de las declaraciones del escritor en el programa de Risto Mejide ‘Chester’ del que fue expulsado por sus declaraciones y su actitud.

Los periodistas José María Albert de Paco y Julio Valdeón han sido los promotores del manifiesto en apoyo a Arcadi Espada al que se han sumando gente como Federico Jiménez Losantos, Raúl del Pozo, , Cayetana Álvarez de Toledo, Sánchez Dragó, Pinker, Dawkins y Fernando Savater.

El manifiesto completo:

Las declaraciones de Arcadi Espada en un programa de televisión acerca de los progenitores que, a sabiendas de que el embrión presenta anomalías genéticas o es susceptible de un mayor riesgo de trastornos metabólicos o neurológicos, llevan el embarazo a término, han dado lugar a un acoso que excede con mucho de los estándares de crítica que incluso él, un hombre que vive y escribe río arriba, se ve obligado a soportar.

En una actuación que convierte el acoso en persecución institucional, la Consejería de Asuntos Sociales de la Generalitat de Cataluña ha denunciado a Espada por un presunto delito de odio contra las personas con síndrome de Down. Aunque sea desmoralizador, aclarémoslo una vez más: Espada jamás ha hablado de “personas con síndrome de Down”, por lo que difícilmente puede haber propuesto su exterminio, como sostienen sus haters.

Lo que plantea Espada (a menudo, por cierto, preguntándoselo él mismo) alude al sobrecoste derivado de una atención necesariamente extraordinaria. Es decir, quién asume la factura de esa “libertad reproductiva”. En todo caso, si algo cabe inferir de esta reflexión de Espada es el mandato irrenunciable de procurar a todas las personas nacidas, incluidas por supuesto las aquejadas de síndrome de Down, una existencia digna. En este debate, el biólogo y ensayista Richard Dawkins considera que “abortar porque se ha obtenido un diagnóstico de amniocentesis de síndrome de Down no es peor razón para abortar que hacerlo porque sí”.

Y es que, como dijo el filósofo y bioeticista Peter Singer, la discusión sobre cuestiones bioéticas que atañen al aborto se ocupa de aquello que “la gente practica en la privacidad de las clínicas”. Pero el silencio, y los tabúes, son siempre enemigos de la libertad. Que las instituciones de gobierno no tengan entre sus prioridades estimular este debate, por lo demás habitual en el campo de la filosofía moral y de la bioética, habla de la incuria que las domina.

Ahora bien, que persigan penalmente a quien ha sido su introductor en España es un vil abuso de autoridad que en el caso de la Generalitat, además, apesta a venganza. No en vano, Espada es uno de los intelectuales españoles que más eficazmente ha combatido los nacionalismos, y no sólo de palabra: impulsor del manifiesto que inspiró la creación de Ciudadanos, a su empeño se debe también la plataforma Libres e Iguales, la única entidad cívica que se movilizó en las calles de Cataluña contra la consulta del 9N, antecedente de la del 1-0. La denuncia de la Generalitat se añade a la querella que interpuso el día 1 de marzo de 2019, también por un presunto delito de odio, la Federación de Entidades de la Discapacidad Intelectual de Cataluña (Dincat).

Asimismo, en enero pasado, la Crida LGTBI, perteneciente a la trama asociativa de la extrema izquierda independentista, denunció a Espada por un presunto delito de incitación al odio, y discriminación (homofobia), a raíz de la entrada de su blog en El Mundo “Aznar, sin complejos”, en que postulaba que al diputado de ERC en el Congreso Gabriel Rufián se le debía dispensar el mismo trato soez que él reserva a sus adversarios políticos.

Los firmantes expresamos nuestra solidaridad con Arcadi Espada, al tiempo que manifestamos nuestra preocupación ante la ofensiva de quienes, amparándose en la defensa de la moralidad, no aspiran sino a acomodar la discusión pública a sus mezquinos intereses, las más de las veces políticos.